: . . Hoy para mañana...

Mirando la vida, mirando España, mirando Inglaterra, e intentando describir la belleza y podredumbre de nuestras historias de hoy, con la vista puesta en el horizonte del mañana.

lunes, agosto 14, 2006

Relato Breve Museo Arqueológico 2005

Hay quien se queja de la poca belleza que hay en el blog, e incluso de no aportar nada que no pueda aportar ya la COPE, es curioso, me debo de haber impregnado muy mucho de su espíritu pues llevo ya bastante tiempo de no escuchar la radio. Por esto, tengo que dar rienda suelta a mi pretenciosidad suponiendo que un relato escrito por mí puede llegar a considerarse bello.

Como tengo que conservar en buen estado mi autoestima diré que sigo sin comprender por qué no gané el Certamen, que precisamente se llevaron un periodista de ABC de Córdoba y un chico de la Fundación Gala.

El relato se llamó Museo de la Eternidad

El viento susurra todo tipo de mensajes, ayer junto con el viento, la angustia de lo caduco vino a visitarme en soledad.
Entre pesadillas y placeres me visitó un alma, viento amigo que me dirigió al sitio que me convenía. Anduvimos hasta el museo, “Museo de la Eternidad” –Vuelo hacia aquí cuando ya no pienso- susurró el espíritu.
En la plaza que me abrazaba empezó la actuación, un teatro en el que tantas risas y llantos habrán cimbreado sus sillares.
Al cruzar el umbral de la historia penetré una nueva dimensión. Aprendí, sentí, admiré, pero más que nada recordé, imágenes que jamás vi, edificios que nunca habité, tesoros de fantasía que inundaron mi memoria.


Fachada principal del Museo.

La angustia desaparecía para tornarse luz y vida.
Me remonté al Paleolítico, aprendí a cazar y servirme de la naturaleza. Dormí entre murciélagos huésped de las cavernas. Viajé de Ategua a Corduba pertrechado de armadura y portando mensajes secretos. Conseguí alcanzar el amor más intenso que mereciera la mejor orfebrería. Pude sentir con nitidez el apoyo de mis antepasados apretando con fuerza los exvotos de bronce de mi familia.
La tierra se deposita sobre la historia, pero no puede silenciar la voluntad inmortal de los hombres.
En la Corduba romana fui esclavo, soldado y patricio, habité una ínsula con un atrio bellísimo cuyo mosaico inspiraba paz. Anduve por el foro repleto de imágenes de Venus, de Marte y emperadores, al poco tiempo fui Druso posando para ser más poderoso que el tiempo.
El rumor del agua y el muecín me recordaron la llamada a la oración en la Mezquita; disfruté de Medina Azahara, del olor de sus jardines y del sol que alumbra la ciudad.
La función había acabado, era estúpida y vana mi angustia.
El tiempo y el viento no paran, y como ellos el hombre no muere, así la vida también se devuelve a todo el que se sienta efímero, en el Museo de la Eternidad.



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