: . . Hoy para mañana...

Mirando la vida, mirando España, mirando Inglaterra, e intentando describir la belleza y podredumbre de nuestras historias de hoy, con la vista puesta en el horizonte del mañana.

viernes, julio 21, 2006

Maldita fábula de Terroristolandia

Existió una vez un país que se plegó el terrorismo, hoy lamentablemente no existe. Esta fábula no se cuenta porque puede inducir a pensar. Hoy el mundo se llama ataraxia, nada afecta, nada existe, todo es relativo y el ansia de Paz infinita.

Sucedió aquella vez en que la democracia tuvo debilidades, como en ella es natural. Justamente su riqueza depositada en los votos entre iguales se convirtió en su gran defecto. Los partidos políticos ebrios de éxito y dinero, no se pararon a pensar que la política emanaba del pueblo, que sólo eran representantes de la voz de las personas que contrataban un servicio a cambio de confianza en transmitir sus pensamientos. La política perdió su sentido para intentar perpetuar la labor de los partidos, y llenar las bocas de sus amancebados representantes.

La democracia basada en la igualdad empezó a ser pisoteada por los políticos, porque éstos prefirieron cosechar éxitos mediáticos a defender los principios que los demócratas.

Los más miserables y asquerosos sujetos nacidos en la historia, los terroristas, se arrogaron el poder de decidir sobre quien debía vivir, y quien morir, el terror decidió por encima del amor y la razón, qué decir de la justicia.

Los terroristas se creyeron donantes o ladrones de libertad según el caso, y nunca utilizaron otro argumento que la violencia y la sangre, chupando la dignidad y la vida mientras vendían su imagen de justicieros, de soñadores, revolucionarios ante la injusticia, defensores de los oprimidos.

La miopía que la maldad instaló en el corazón de las sociedades, llegó a levantar un velo de irrealidad que prevaleció sobre la verdad.

Los políticos, vendidos, dieron la palabra a los sanguinarios, acallando implícitamente a los que siempre defendieron la injusticia y falta de libertad con la palabra, respetando la igualdad entre las personas. El agravio no pudo ser mayor. Las víctimas de los terroristas, que defendían la democracia -sólo posible con vida-, se convirtieron en testigos de la entrega del Estado a los asesinos, dando la palabra a quien no la quiso utilizar jamás.

Fue entonces cuando el terrorismo no sólo supervivió, sino que los iguales agraviados decidieron combatir con la sangre antes que con la palabra.

Exterminio, sinrazón.

No había mala voluntad en la clase política.

O sí.


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Tan sólo me encuentro confuso, ¿por qué legitimar políticamente a terroristas? Cualquier malnacido más podría sumarse a la sinrazón de favorecer sus intereses haciendo uso de la violencia.

Imagino que todo será mucho más difícil, pero me parece que como en la fábula anterior nos quieren levantar un velo sobre las cuestiones que se deberían mirar desde el sentido común.





 

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